jueves, 14 de junio de 2007
La mujer alcanzó la perfección.
Su cuerpo muerto muestra la sonrisa de realización,
la apariencia de una necesidad griega
fluye por los pergaminos de su toga,
sus pies desnudos parecen decir,
hasta aquí hemos llegado, se acabó.
Los niños muertos, ovillados, blancas serpientes,
uno a cada pequeña jarra de leche ahora vacía.
Ella los ha plegado de nuevo hacia su cuerpo;
así los pétalos de una rosa cerrada,
cuando el jardín se envara
y los olores sangran de las dulces gargantas
profundas de la flor de la noche.
La luna no tiene por qué entristecerse,
mirando con fijeza desde su capucha de hueso.
Está acostumbrada a este tipo de cosas.
Sus negros crepitan y se arrastran.
Publicado por jucar2 @ 23:06  | Plath, Sylvia
Comentarios (4)
Comentarios
Publicado por hechi
sábado, 16 de junio de 2007 | 13:27
UfffHelado
Vaya mal rollo de poema...
Publicado por Jucar
domingo, 17 de junio de 2007 | 11:34
Sí, es el último poema que escribió antes de suicidarse.
Publicado por hechi
domingo, 17 de junio de 2007 | 11:48
Puf, pues me parece de mal gusto
Publicado por Jucar
domingo, 17 de junio de 2007 | 13:26
Cuestión de opiniones, a mí me parece un gran poema.