domingo, 24 de diciembre de 2006
Sobre el viejo banco olvidado del parque,
Derramó la noche tristes lágrimas amargas.
Lágrimas de cristal, de hielo, de perdidos recuerdos.
Llora el cielo por el pasado, por el presente… llora el cielo por el mañana.

El viento susurra sus penurias a los lobos de las montañas.
Late el corazón del quejumbroso roble que alza sus brazos al cielo.
Acuna el mar a la noche que yace sin estrellas.
Se escucha el eco del desgarrador grito del silencio.

Y cada lágrima que se pierde en el río de asfalto,
Muere en su ribera de cemento sabiendo que algún día volverá.
Y cada lágrima que resbala lamiendo un añejo cristal empañado,
Encierra con recelo y en silencio la historia de una vida que nunca se narrará.

Es un momento, una vieja fotografía, una palabra perdida
Es aquella vieja que tras los cristales a una niña canta,
Es aquel desconocido solitario que camina presuroso con la mirada desvaída
Es aquella pareja que bajo la lluvia se abraza.

Es un sentimiento, un fantasma perdido en el tiempo, una breve pero intensa vida.
Es el fruto de la soledad que nace en aquel árbol,
Es la nostalgia de aquella amapola que añora el nuevo día,
Es la melancolía del pájaro que calló su llanto.

Al ver cómo poco a poco muere la felicidad del mundo,
Las lágrimas inundan del cielo su alma;
Que por llorarle le llora a la solitaria luna,
Que por llorarle le llora a la joven mañana.
Mas tras cada día de lluvia ya no fenece estrella alguna,
Porque es la melancolía la que muere con cada lágrima.
Publicado por jucar2 @ 17:23  | García Lunego, María
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